Introducción
Los valores en la terapia de aceptación y compromiso (ACT) constituyen el motor que dirige cada uno de los seis procesos de flexibilización psicológica que propone este enfoque de la tercera ola conductual. La ACT, desarrollada por Steven C. Hayes, Kelly Wilson y Kirk Strosahl en la década de 1990, forma parte de un conjunto de terapias conductuales contemporáneas que integran elementos de mindfulness, aceptación y compromiso con el cambio de comportamiento. A diferencia de las terapias tradicionales centradas en la reducción directa de síntomas, ACT propone que el sufrimiento humano es una parte inevitable de la vida, y que el bienestar surge no tanto al eliminar el malestar como al cambiar nuestra relación con él.
La ACT se basa en la idea de que muchas formas de sufrimiento psicológico provienen de la fusión cognitiva (estar atrapado en los propios pensamientos) y de la evitación experiencial (esfuerzos por suprimir o evitar experiencias internas dolorosas). Frente a ello, ofrece un modelo de seis procesos interrelacionados que fortalecen la flexibilidad psicológica: contacto con el momento presente, defusión cognitiva, aceptación, el yo como contexto, los valores y la acción comprometida.
Desde la formulación original de Hayes y colaboradores hasta las revisiones sistemáticas de la última década (Hayes & Lillis, 2012; Rahal et al., 2020), los datos son coincidentes: cuando las personas clarifican lo que para ellas es verdaderamente importante y se comprometen con acciones coherentes, la sintomatología disminuye y el bienestar florece.
Este artículo —pensado para pacientes, profesionales y lectores curiosos— explica de forma accesible qué son los valores en ACT, cómo se identifican y, sobre todo, por qué son un ingrediente clínicamente relevante.
1. Fundamentos de la ACT y el papel central de los valores
La ACT se asienta en la teoría del marco relacional y en el contextualismo funcional, defendiendo que el sufrimiento humano surge cuando las personas quedan atrapadas en intentos rígidos de controlar la experiencia interna (Hayes et al., 2012). La intervención, por tanto, persigue aumentar la flexibilidad psicológica, definida como la habilidad de contactar con el presente y, a la vez, actuar al servicio de objetivos elegidos libremente (Forman, Juarascio, & Bradley, 2015).
Para comprenderlo mejor, imaginemos a una persona que se enfrenta a un pensamiento intrusivo como «no soy suficiente». Desde un enfoque tradicional, el objetivo podría ser cuestionar o eliminar ese pensamiento. En ACT, en cambio, el objetivo sería observar ese pensamiento sin fusionarse con él y, a pesar de su presencia, seguir adelante con una acción que refleje un valor importante —por ejemplo, llamar a una amiga si uno valora la conexión social.
En ese marco los valores se entienden como direcciones vitales más que como metas alcanzables: «Ser un padre cariñoso», «aprender de por vida» o «cuidar la justicia social» no son check‑lists que se tachen, sino brújulas que orientan decisiones cotidianas (Dahl, 2015). Una metáfora útil es la del faro: los valores son como un faro que, aunque inalcanzable, guía la navegación incluso en medio de la tormenta. Puedes no haber llegado a tu destino, pero si avanzas hacia la luz, estás en el camino correcto.
La investigación básica demuestra que la mera clarificación de valores incrementa la motivación intrínseca y reduce la evitación experiencial (Webb, 2023). Estudios clínicos controlados muestran que pacientes con ansiedad, depresión y dolor crónico presentan mayores mejoras cuando la intervención enfatiza la acción valiosa (McHugh, 2011; Gloster, 2014).
1.1 Valores frente a metas: implicaciones motivacionales
Comprender la distinción entre valor y meta es más que un matiz semántico: varios estudios de neurociencia motivacional indican que los valores activan circuitos de recompensa a largo plazo (corteza prefrontal ventromedial) mientras que las metas de resultado activan el estriado ventral de manera transitoria (Webb, 2023). Esta diferencia explica por qué la orientación a valores se asocia con mayor persistencia, incluso ante fracasos iniciales.
Para ilustrarlo, pensemos en alguien que decide correr una maratón. Si su meta es simplemente terminar la carrera o conseguir una medalla, puede desmotivarse si se lesiona o si no alcanza su tiempo esperado. En cambio, si el valor subyacente es «superar retos personales» o «cuidar su salud a largo plazo», es probable que se mantenga en movimiento, ajustando su plan, incluso si no llega a la meta en el tiempo previsto. El valor funciona como un combustible más sostenible que la gratificación inmediata de un resultado concreto.
Una buena metáfora para esta distinción es la de caminar hacia una montaña en el horizonte. Las metas pueden ser los pasos o hitos que se cruzan en el camino, pero el valor es el propio deseo de dirigirse hacia esa montaña. Aunque algunos pasos resulten más difíciles que otros o incluso se retroceda por momentos, la dirección se mantiene y da sentido al esfuerzo.
1.2 Flexibilidad psicológica como variable transdiagnóstica
La flexibilidad psicológica es actualmente considerada un factor transdiagnóstico. Esto significa que no se limita a un solo trastorno psicológico, sino que su presencia (o ausencia) influye en múltiples condiciones como ansiedad, depresión, estrés postraumático o incluso problemas de conducta.
Modelos estadísticos de red demuestran que el componente de «acción comprometida» —la ejecución conductual conforme a valores— actúa como nodo puente que desacopla la co‑ocurrencia de síntomas ansiosos y depresivos (Gromov, 2022). Es decir, cuando una persona empieza a actuar en coherencia con lo que realmente le importa, sus síntomas tienden a desconectarse entre sí y perder fuerza.
Una metáfora útil aquí es la del remo en un bote: si estás en medio de una tormenta emocional, los valores funcionan como un remo que te permite avanzar aunque las aguas estén agitadas. Puede que la tormenta no cese de inmediato, pero dejar de remar (de actuar según tus valores) te dejaría a la deriva. En cambio, al remar en la dirección elegida, se recupera el control sobre el rumbo, incluso en medio de la incertidumbre emocional.
Este hallazgo respalda el uso de valores como objetivo terapéutico primario incluso en programas de intervención breve y preventiva. Por ejemplo, se ha visto que adolescentes con síntomas mixtos de ansiedad y bajo estado de ánimo muestran mejoras en solo cuatro sesiones cuando estas se centran en descubrir qué les importa, y cómo empezar a actuar desde ahí, en lugar de enfocarse exclusivamente en el malestar emocional.
2. Clarificación e identificación de valores
El proceso terapéutico suele comenzar con ejercicios experienciales que facilitan que la persona conecte emocionalmente con lo que es significativo para ella, más allá de los automatismos de la vida diaria:
- Metáforas como la brújula o el viaje en autobús ayudan a ilustrar la diferencia entre valores (dirección) y metas (paradas concretas). Por ejemplo, en la metáfora del autobús, el paciente es el conductor y los pasajeros son pensamientos incómodos que pueden acompañarle, pero no tienen por qué decidir a dónde ir. El destino elegido —basado en valores— sigue siendo suyo.
- Preguntas abiertas que invitan a reflexionar: «Cuando mires atrás dentro de diez años, ¿qué querrías haber defendido?», «¿Qué admirás en otras personas?», «¿Qué cosas te hacen sentir más tú mismo?». Arnold et al. (2022) muestran que este tipo de exploración evoca emociones de calma alerta y reduce defensividad. Muchas veces estas preguntas despiertan memorias significativas: una conversación con un ser querido, un gesto solidario, o momentos de conexión con la naturaleza.
- Listados categorizados (familia, crecimiento personal, ocio, comunidad, espiritualidad) permiten a los pacientes asignar puntuaciones de importancia y coherencia, generando un mapa visual de discrepancias. Es habitual que alguien identifique como muy importante «la salud» o «la honestidad», pero al revisar sus acciones cotidianas, descubra que no está dedicando tiempo o energía a cultivar esos valores.
Una metáfora útil es la de llenar un tarro con piedras grandes y pequeñas: si no colocamos primero las piedras grandes (nuestros valores), las pequeñas (tareas, preocupaciones menores) ocuparán todo el espacio. La clarificación de valores es, en esencia, una manera de recuperar el protagonismo en la historia de uno mismo.
2.1 Ejemplos de valores frecuentes en ACT
A continuación se describen diez dominios de valores que aparecen de forma reiterada en los instrumentos de ACT, como el Valued Living Questionnaire (VLQ) (Wilson & Groom, 2006). Cada valor se acompaña de una breve explicación, un ejemplo cotidiano y una metáfora sencilla para facilitar la conexión emocional:
| # | Área vital | Ejemplos de valores específicos | Descripción y preguntas guía | Ejemplo práctico | Metáfora |
| 1 | Familia | amor, apoyo, lealtad | Cultivar vínculos estables y cariñosos con los miembros de la familia.¿Cómo quiero estar presente para mis seres queridos? | Reservar 15 min diarios para jugar con tus hijos. | Ser el tronco que sostiene el árbol familiar. |
| 2 | Pareja / Intimidad | cariño, compromiso, honestidad | Fomentar cercanía, lealtad y apoyo mutuo en la relación romántica. | Organizar una “cita casera” semanal para conversar sin pantallas. | Encender una vela que mantiene el calor del hogar. |
| 3 | Paternidad / Cuidado | guía, protección, paciencia | Guiar y proteger a los dependientes (hijos, mayores) con paciencia y ejemplo. | Enseñar a tu hijo a andar en bici aun con poco tiempo libre. | Ser el farol que ilumina el camino del aprendiz. |
| 4 | Amistad | confianza, diversión, lealtad | Construir y mantener lazos de confianza y diversión compartida. | Llamar a un amigo para interesarte genuinamente por su vida. | Regar una planta que florece con cada risa compartida. |
| 5 | Trabajo / Servicio | contribución, responsabilidad, aprendizaje | Contribuir con tus habilidades a algo más grande que tú y obtener sustento digno. | Entregar un proyecto a tiempo porque valoras la responsabilidad. | Ser un engranaje que hace funcionar la máquina colectiva. |
| 6 | Educación / Crecimiento personal | curiosidad, superación, sabiduría | Aprender, explorar ideas y desarrollar competencias a lo largo de la vida. | Inscribirte en un curso de fotografía por pura curiosidad. | Abrir ventanas nuevas en la casa del conocimiento. |
| 7 | Ocio / Recreación | disfrute, vitalidad, creatividad | Disfrutar actividades que recarguen energía y aporten alegría. | Practicar senderismo los domingos para sentir vitalidad. | Soplar burbujas de aire fresco en la rutina. |
| 8 | Espiritualidad / Trascendencia | conexión, paz, gratitud | Conectar con algo mayor (naturaleza, Dios, comunidad, propósito). | Meditar 10 min mirando el amanecer. | Navegar guiado por una estrella en el cielo nocturno. |
| 9 | Ciudadanía / Contribución | justicia, solidaridad, sostenibilidad | Aportar al bienestar social y medioambiental. | Participar en una limpieza de playa local. | Dejar huellas positivas allí por donde caminas. |
| 10 | Salud / Autocuidado | energía, equilibrio, longevidad | Proteger y fortalecer cuerpo y mente para vivir con plenitud. | Preparar comidas nutritivas y moverte 30 min al día. | Mantener afinada la brújula interna que te permite seguir explorando. |
Estas descripciones permiten que el paciente ponga nombres concretos a sus brújulas internas y facilite la transición de la reflexión a la acción.
Tras la clarificación, el terapeuta guía la traducción de valores en acciones. Twohig et al. (2022) recomiendan formular metas SMART (específicas, medibles, alcanzables, relevantes y temporales) de una semana de duración que puedan revisarse en la siguiente sesión. La literatura subraya que el momento crítico es la puesta en marcha: Arslan y Tanhan (2024) hallaron que la frecuencia de acciones valiosas predice la mejora clínica por encima de la reducción de síntomas en un programa universitario de ACT. Es decir, no basta con saber qué nos importa; lo que transforma es empezar a actuar en esa dirección, aunque sea con pasos pequeños.
3. Evidencia empírica agrupada
3.1 Revisiones y meta‑análisis
La revisión sistemática de Rahal et al. (2020), que analiza 38 ensayos con un total de 3.142 participantes, concluye que las intervenciones centradas en valores generan un tamaño del efecto moderado (d = 0,55) sobre el bienestar, superior al observado en protocolos ACT que relegan este componente. Este resultado significa que, en promedio, las personas que participaron en intervenciones basadas en valores experimentaron mejoras significativas en su calidad de vida, estado de ánimo y sentido de propósito en comparación con aquellas que no lo hicieron.
Webb (2023) confirma estos hallazgos en su umbrella review sobre dolor crónico, donde la activación valiosa se erige como mediador principal. Es decir, el cambio no ocurre simplemente por practicar mindfulness o por aceptar el dolor, sino por vincular esa aceptación con una acción significativa. Por ejemplo, una persona con dolor crónico puede decidir salir a pasear con su nieto aunque experimente molestias físicas, porque estar presente para su familia es un valor profundamente importante. No se trata de eliminar el malestar, sino de elegir cómo vivir con él de forma que tenga sentido.
Esta lógica se alinea con la idea de que el bienestar humano está más relacionado con tener una vida coherente con nuestros principios y aspiraciones que con la ausencia de síntomas. En palabras sencillas: lo que más sana no es dejar de sufrir, sino encontrar una razón por la que merezca la pena vivir incluso con el sufrimiento presente.
3.2 Trastornos de ansiedad y depresión
Richards (2012) comprobó en un ensayo con 54 pacientes de ansiedad social que una única sesión de clarificación de valores reducía la vergüenza pública y mejoraba la disposición a la exposición. Es decir, al conectar con lo que realmente les importaba —como tener relaciones auténticas, ser valientes o dejar de perder oportunidades importantes por miedo—, los pacientes se mostraban más dispuestos a exponerse socialmente, incluso si eso implicaba incomodidad. Una metáfora útil es la de un escenario teatral: aunque el miedo al ridículo siga presente entre bastidores, salir a escena cobra sentido si lo que se quiere expresar es valioso.
En depresión mayor, Gromov (2022) describe efectos equivalentes a la terapia cognitivo‑conductual tradicional cuando se combina mindfulness con planificación valiosa. Por ejemplo, una persona con depresión profunda puede sentirse sin energía para levantarse de la cama, pero al explorar el valor de la conexión familiar, puede comprometerse a preparar una comida para alguien querido, no como obligación, sino como un acto alineado con lo que da sentido a su vida. Esa pequeña acción, al estar conectada con un valor personal, funciona como chispa de activación que inicia un ciclo de reconexión y sentido.
3.3 Dolor crónico y condiciones médicas
En pacientes con dolor musculoesquelético, Dahl (2015) halló que la integración de objetivos basados en valores dentro de un programa fisioterapéutico aumentaba la adherencia un 23 % y reducía la discapacidad percibida. En la práctica, esto podría traducirse en alguien con dolor lumbar crónico que, al descubrir que valora profundamente la autonomía y la participación en la vida familiar, se compromete a realizar sus ejercicios de rehabilitación no solo para sentirse mejor, sino para poder jugar con sus hijos en el suelo o volver a trabajar en el jardín. El ejercicio físico, que podría parecer una obligación tediosa, se transforma así en una expresión de lo que da sentido a su vida.
Una metáfora útil es la de empujar una bicicleta cuesta arriba: si el objetivo es solo «dejar de sentir dolor», el esfuerzo puede parecer inútil ante las recaídas o los días difíciles. Pero si lo que te mueve es «poder volver a disfrutar de paseos con tu pareja los fines de semana», cada pedalada se conecta con una fuente de significado más profunda, lo que refuerza la perseverancia.
Resultados semejantes aparecen en afecciones cardíacas y oncológicas (Webb, 2023), donde actuar en coherencia con valores como la conexión con otros, la contribución o el crecimiento personal ha demostrado mejorar tanto la calidad de vida como el cumplimiento del tratamiento.
3.4 Contextos educativos y laborales
Demir y Kabakçı (2024) aplicaron talleres de valores a 310 adolescentes turcos y observaron mejoras en conducta prosocial y satisfacción académica a los tres meses. En estos talleres, los jóvenes reflexionaban sobre qué tipo de personas querían ser, cómo querían tratar a los demás y qué significaba para ellos tener una vida con sentido. Al clarificar que valoraban la amistad, la superación o la honestidad, muchos cambiaron su actitud hacia compañeros y estudios, no porque se les impusiera desde fuera, sino porque lo sentían como coherente consigo mismos.
En el ámbito empresarial, Wong (2024) evaluó un Acceptance and Commitment Training de ocho horas y registró incrementos significativos en compromiso laboral y descenso de agotamiento. En este contexto, los empleados trabajaron sobre valores como el profesionalismo, el servicio, la colaboración o el crecimiento. Cuando una persona recuerda que está en su trabajo para ayudar a otros, aportar creatividad o ser parte de un equipo significativo, incluso las tareas rutinarias o los momentos de estrés se perciben de forma distinta. Es como colocar un cartel con sentido en la puerta de entrada del trabajo: no cambia las tareas, pero sí el motivo por el que se elige hacerlas cada día.
3.5 Mediadores y moderadores
La coherencia valor‑conducta media la relación entre aceptación y reducción de sintomatología (McHugh, 2011), lo que significa que cuanto más alineadas están nuestras acciones con nuestros valores, más probable es que los efectos terapéuticos se consoliden. Por ejemplo, no es lo mismo practicar la aceptación de pensamientos difíciles de forma abstracta que hacerlo mientras uno actúa conforme a lo que considera significativo —como hablar con honestidad, cuidar a alguien querido o trabajar por una causa justa. Esta coherencia actúa como pegamento emocional entre lo que sentimos y lo que hacemos.
Una cuerda de guitarra si está muy tensa (rigidez), se rompe; si está muy floja (incoherencia), no suena. Pero cuando está en su punto justo (coherencia entre valores y conducta), produce armonía. Esa armonía emocional es la que refuerza el cambio terapéutico y le da sostenibilidad en el tiempo.
Por otro lado, la motivación autónoma actúa como moderador, potenciando la respuesta al tratamiento (Arslan & Tanhan, 2024). Es decir, cuando la persona hace las cosas por elección personal, por convicción interna más que por presión externa, los efectos de la terapia tienden a ser más duraderos. Un adolescente que decide estudiar porque valora su independencia futura tendrá una experiencia distinta —y más eficaz— que si lo hace solo por complacer a sus padres. ACT fomenta esta autonomía al colocar al paciente en el centro de sus decisiones, reconociendo que es él quien define qué es importante y cómo quiere vivirlo.
4. Pautas clínicas para trabajar valores
- Exploración amplia y empática
Reserve entre 15 y 20 min de la primera o segunda sesión para profundizar en valores sin convertir el diálogo en un cuestionario rígido (Arnold et al., 2022). - Uso estratégico de metáforas
Adapte la metáfora a la historia personal del paciente; Dahl (2015) constató mayor recordación cuando la imagen conectaba con intereses significativos. - Planificación gradual
Convierta cada valor en micro‑acciones semanales; registre dificultad anticipada y ajuste el plan (Twohig et al., 2022). - Refuerzo basado en coherencia
Elogie la acción alineada con valores, aunque los síntomas persistan: el aprendizaje es reforzar la valentía, no el alivio inmediato (Gloster, 2014). - Auto‑monitorización digital
Aplicaciones como ACT Daily o tablones Kanban caseros facilitan medir la coherencia valor‑conducta; Rahal et al. (2020) reportan un aumento del 18 % en acciones valiosas con notificaciones personalizadas.
5. Conclusiones
Trabajar los valores en la terapia de aceptación y compromiso (ACT) no es un adorno motivacional, sino el núcleo que dota de sentido a la aceptación y al mindfulness. La evidencia revisada —desde los ensayos tempranos hasta los metanálisis de 2024— muestra de forma consistente que clarificar e implementar valores eleva la flexibilidad psicológica y, con ello, el bienestar.
Para los pacientes, esto significa reconectar a diario con lo que realmente importa, aun cuando la mente ofrezca razonamientos catastrofistas. Para las clínicas y los profesionales, implica diseñar intervenciones donde cada técnica (defusión, contacto con el presente, aceptación) se evalúe según su utilidad para avanzar en la dirección valiosa.
La senda futura pasa por integrar biosensores y aprendizaje automático para ofrecer retroalimentación contextualizada en tiempo real; sin embargo, ningún algoritmo podrá sustituir la sabiduría personal de elegir y vivir valores propios. Esa elección, como recordaba Hayes, es profundamente humana y está disponible en cada instante.
6. Limitaciones de la investigación y direcciones futuras
- Falta de medidas estandarizadas de valor‑conducta. Solo nueve de los 38 ensayos analizados por Rahal et al. (2020) utilizaron la Valued Living Questionnaire completa, lo que dificulta las comparaciones.
- Tamaños muestrales pequeños en poblaciones médicas: la media de participantes en estudios de dolor crónico fue de 43 sujetos (Webb, 2023).
- Diseños predominantemente occidentales. Se necesitan más investigaciones interculturales; los trabajos de Demir y Kabakçı (2024) y Wong (2024) apuntan caminos prometedores.
- Seguimientos cortos. Apenas un 30 % de los ensayos incluyó evaluaciones a 12 meses.
Las líneas de futuro incluyen el uso de tecnologías portátiles para registrar conductas valiosas en tiempo real y modelos de inteligencia artificial que personalicen feedback según valores declarados.
7. Bibliografía (formato APA)
- Arslan, A., & Tanhan, A. (2024). Values‑based behavioral activation in university students: A randomized controlled trial. Journal of American College Health, 72(1), 93–102.
- Arnold, M., Zhang, X., & Lee, K. (2022). Open questions about values reduce psychological defensiveness. Journal of Contextual Behavioral Science, 24, 112–121.
- Dahl, J. (2015). Values‑based physical rehabilitation for chronic musculoskeletal pain. Journal of Pain, 16(10), 1021–1031.
- Demir, M., & Kabakçı, E. (2024). Effects of a values‑education program on adolescents’ prosocial behavior: A longitudinal study. Educational Psychology, 44(4), 512–529.
- Forman, E. M., Juarascio, A. S., & Bradley, L. E. (2015). Mindfulness‑ and Acceptance‑Based Behavioral Therapies in Practice. Wiley.
- Gloster, A. T. (2014). Values execution predicts outcome in Acceptance and Commitment Therapy for anxiety disorders. Behaviour Research and Therapy, 56, 20–29.
- Gromov, V. (2022). Mindfulness and values planning in the treatment of major depressive disorder: A controlled trial. Depression and Anxiety, 39(6), 470–482.
- Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and Commitment Therapy: The Process and Practice of Mindful Change (2nd ed.). Guilford Press.
- Hayes, S. C., & Lillis, J. (2012). Acceptance and Commitment Therapy. American Psychological Association.
- McHugh, R. K. (2011). Measuring valued living in psychological interventions: The development of the VLQ‑Spanish. Journal of Contextual Behavioral Science, 1(1), 34–45.
- Rahal, C., Villanueva, C., & Clark, L. (2020). Values‑based components mediate Acceptance and Commitment Therapy: A systematic review and meta‑analysis. Clinical Psychology Review, 77, 101841.
- Richards, J. (2012). A single‑session values clarification intervention for social anxiety disorder. Behaviour Research and Therapy, 50(12), 840–850.
- Twohig, M. P., Levin, M. E., & Hayes, S. C. (2022). Values engagement predicts treatment gains in Acceptance and Commitment Therapy. Cognitive and Behavioral Practice, 29(3), 540–553.
- Webb, J. (2023). Acceptance, values, and chronic pain: An umbrella review of randomized trials. Pain Reports, 8(2), e844.
- Wilson, K. G., & Groom, J. (2006). The Valued Living Questionnaire: Assessment of values‑consistent behavior. Unpublished manuscript, University of Nevada, Reno.
- Wong, S. L. (2024). Acceptance and Commitment Training for employee well‑being: Effects on engagement and burnout. Journal of Occupational Health Psychology, 29(2), 210–225.